En la pasta tradicional de trigo candeal, el gluten cumple una función muy importante: forma una red elástica y sostiene la estructura de la masa. En la pasta sin gluten, elaborada con harina de maíz y arroz, la cohesión del producto depende casi por completo del comportamiento del almidón, y el método de secado utilizado tiene un impacto directo en la calidad final.

Cuando el secado se hace rápido y a alta temperatura, como ocurre en muchos procesos industriales, la humedad migra desde el centro de la pasta hacia la superficie de forma abrupta, y el almidón se gelatiniza de golpe. Ese cambio brusco genera tensiones internas en la masa, que se traducen en microfisuras en la superficie, prácticamente invisibles a simple vista pero que se notan apenas la pasta toca el agua hirviendo: se abre, pierde firmeza y se pasa de cocción con facilidad. El secado lento, en cambio, trabaja a baja temperatura durante muchas más horas, permitiendo que esa migración de humedad sea gradual. El almidón se reorganiza sin generar esas tensiones, y el resultado es una pasta que no se rompe, no se pega y mantiene su textura.

Las temperaturas elevadas de un secado rápido también tienden a apagar los matices de sabor propios del maíz y el arroz, y a afectar su valor nutricional. Trabajando a baja temperatura, estas propiedades se conservan mucho mejor, obteniendo un sabor más limpio y natural, y una pasta que preserva mejor sus cualidades nutricionales.

En síntesis, el secado lento a baja temperatura es un factor determinante en la calidad de la pasta sin gluten y permite disfrutar de una experiencia similar a la pasta tradicional.