Cuando se habla de pasta artesanal, el trafilado al bronce ocupa un lugar especial. Las matrices de bronce son porosas, lo que confiere a la pasta una superficie rugosa y mate que no es solo estética: es funcional, ya que brinda mejor adherencia de la salsa —ideal para preparaciones más intensas como un ragú o una salsa de hongos.

El teflón, en cambio, produce una pasta de superficie lisa y ligeramente brillante, con características propias que la hacen ideal para salsas livianas. Un aglio e olio, una manteca con salvia, un aceite de oliva con limón: en esos casos, la textura suave permite que los sabores delicados brillen sin competencia.

A la hora de elegir, es importante tener claro algo: el trafilado define la textura, no la calidad. La sémola, el agua y el secado son los que determinan la estructura, el sabor y el comportamiento en la cocción. Una pasta bien hecha al teflón supera ampliamente a una mal hecha al bronce. El método importa, pero los ingredientes y el proceso son la base de todo.

 

En Paese dei Sapori usamos ambos métodos, eligiendo la matriz según el formato y el resultado que buscamos.